Ministerio del tiempo

Tengo pensado escribir sobre el primer episodio y mis impresiones, pero aquí hay una conversación de twitter con mi amigo David al respecto.

El simple hecho de que esta conversación exista es prueba más que suficiente de que la serie nos ha gustado lo bastante como para comentarnalizarla a lo friki.

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Escribiendo…

Estaba intentando situar a un protagonista en un entorno escolar… A veces, escribiendo, pinchas y lo que brota es una fuente de una corriente subterránea que hace tiempo que tienes por ahí enterrada…

(esto es un primerísimo borrador, como veis, ni siquiera hay nombres… ¡No me tengáis mucho en cuenta las patatas estilísticas!)
“XXXX tenía doce años. Embutido en el uniforme de gimnasia del colegio, de un absurdo azul pitufo, hacía cola en el comedor, rodeado de una marea de coetáneos con los que solo parecía tener eso en común, la edad, pero que, era de agradecer, en general no tenían nada concreto en su contra más allá de la mezcla entre desprecio y desconcierto que había causado en sus compañeros de clase desde que pisara por primera vez las baldosas centenarias del colegio.

Esperaban en orden de lista, y coincidía que XXXX tenía a diversos chicos por delante y por detrás. Dos puestos por delante, el que quizás era su más viejo amigo, XXXX, una especie de monigote perpetuamente mudo de timidez que siempre le había recordado al flaco de El Gordo y el Flaco. Y aunque XXXX tenía un sobrepeso notable, sin duda el otro amigo, que estaba un trecho detrás de él, habría sido considerado como “el gordo” del grupo: si XXXX era grande y pesado, su amigo XXXX era un bulto blando y húmedo como un muñeco de nieve hecho con manteca fresca.

En el ecosistema de la clase, este trío de los gordos y el flaco estaban bien al fondo, pero aún así, después de años de respirar el mismo aire, todos se conocían bien. Allí estaba el enano ingenioso e insidioso, XXX, y allí el pesado y tontaina, XXXX, y más allá el paleto mentiroso, XXXX… Chicos de doce años, simios grotescos incapaces de articular una frase con sentido, compitiendo constantemente para subyugar a su prójimo con humillaciones físicas y verbales varias, participando de complejamente estúpidos rituales de pertenencia al grupo y revolcándose en su parcela de tribalismo hormonal recién estrenado gruñéndose unos a otros como una colección de Tim Allens defectuosos.”