Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus (relato, deberes)

No consigo escribir algo que me guste para el próximo ejercicio del curso de escritura del Ateneu, pero por ahora tengo esto. No sé si será lo que presentaré, si presentaré una versión modificada, o si intentaré sacarme de la manga un nuevo texto… Serían dos en un día. Pero he estado bloqueado todo el fin de semana, así que it’s now or never!

Nota: Al final presentaré una versión corregida, mejor hilada y más compacta. Sustituyo el texto de aquí abajo.

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Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus

1-Ana

Ana amasaba con la yema de los dedos las perlas del collar, encajando de vez en cuando su uña en la goma en que estaban engarzadas. La luz del restaurante era suave, y en el ambiente flotaban murmullos de conversación educada y agradable. Miró al otro lado de la mesa. Le devolvió la mirada la cara muerta de Homer Simpson, desde la camiseta, inadecuada, de su novio Jan. Ana Se dio cuenta de su tic nervioso. Quería decirle algo, que se diera prisa… pero solamente llegó a carraspear. Del otro lado de la mesa, ahora sí, le llegó la mirada saltarina de su novio.

-¡Esta es la clase de restaurante que me gusta! –dijo, sonriente.

A su lado, esperaba el camarero, erguido y peripuesto. Jan volvió a fijarse en la carta de vinos, y se rascó con fuerza el pelo pajizo. A Ana le recordó al perro que había tenido de pequeña. Había sido una niña solitaria, su única compañía había sido la de su perro Saúl, un bólido de pelo, fuerza, energía, y lametones cariñosos. Nervioso y lanudo, se rascaba… así, con ese gesto… Sus dedos regresaron a las perlas, temblorosos. ¿Cómo no lo había visto hasta ahora? Jan era exactamente como Saúl.

-¡Este! –dijo Jan, señalando la página, obviamente al tuntún, mirando al camarero en vez de al texto.

Al poco rato, el camarero descorchó el vino, y le sirvió un poco a Jan, para que lo probara. Al alzar la copa, chocó sonoramente con la del agua, y se le iluminó la cara. “¡Ding, ding, ding…!” Sonreía como un memo mientras hacía ruiditos ante el estoico camarero. ¡Qué vergüenza! Pero Ana no sentía fuerzas para enfrentarse a su Novio y poner orden. Pasaron minutos en los que Ana sintió que le subía el color, y las lágrimas.

-¡Jan, por Dios, compórtate! –imploró al fin, con la voz temblorosa.

La sonrisa de Jan se apagó y, con cara de vergüenza, probó el vino. Le daba vueltas en la copa, en una burda imitación de lo que habría hecho alguien con algún conocimiento enológico. De darle vueltas, acabó salpicando al Homer, en sus ojos muertos. Jan no reaccionó.

Ana sintió que se hundía en una súbita tristeza. En otros tiempos, él le habría hecho reír con sus payasadas. Había seguido siendo solitaria, hasta que conoció a Jan, un chico alocado, siempre imprevisible, siempre haciendo el tonto, como un niño grande… O un perrito. Como el Saúl de su infancia. Aunque al crecer creía haber madurado, simplemente había sustituido al acompañante de su soledad, al perro por un novio igual de burro y cariñoso.

Pero ahora necesitaba más. Necesitaba estabilidad, formar una familia… poder ir a un restaurante sin avergonzarse. No podía seguir así. No quería acabar como había empezado, sola, con un perro. No quería acabar con un bobalicón imprevisible. Con alguien como… los ojos se le clavaron en la camiseta de su novio. Con alguien como Homer Simpson.

-Jan… tenemos que hablar -se sorprendió a sí misma hablando con firmeza, presa de un brote de decisión impropio en ella. Pero Jan se estaba levantando, la servilleta desparramándosele por las piernas.

-Buf, tengo que ir al váter. Ahora vuelvo.

Jan había esquivado el momento. ¿Sería Ana capaz de volver a plantear el tema? Supo que no. Había perdido la única oportunidad. Se conocía bien: ese ímpetu no regresaría. Volvió a frotar las perlas.

De pronto, los dedos se le paralizaron. Marge Simpson… ella también llevaba perlas.

 

2-Jan

Jan miraba divertido lo que había a su alrededor. Las mesas, tenuemente iluminadas y habitadas por personas que hablaban en voz baja, Ana, toqueteándose el collar, el camarero, un tipo largo y repeinado con la cara vacía… De pronto, le pareció que Ana le había dicho algo. ¿O había tosido solamente? Distraído, no lo había oído, pero sabía que era mala cosa no contestarle a una novia, sólo peor que no escucharla. Le diría algo sobre el restaurante, para salir del paso. ¿Habían estado aquí antes? No lo sabía.

-¡Esta es la clase de restaurante que me gusta! –dijo al fin. Positividad, una sonrisa, contenido nulo. ¿Prueba superada? Por la cara de ella, al menos no la había fallado.

Volvió a mirar a su alrededor, y recordó que el camarero ya llevaba un rato esperando a que decidiera qué vino tomar. Y, en realidad, no tenía ni idea de cómo elegir. Le sonaba vagamente que los entendidos olían el vino profundamente, y le daban vueltas en la copa, pero eso era cuando ya lo tenían… Al final eligió uno al azar, y el camarero se alejó con silenciosas zancadas.

Su camiseta, de algodón, decorada con la leyenda “Homer Simpson” y la famosa efigie amarilla, era fresca y agradable. Y las bermudas eran amplias y cómodas, aunque habría sentido las piernas aún más libres si se hubiera puesto un vestido sedoso como el de Ana. Pero eso no hubiese sido correcto.

El camarero regresó de pronto, pillándole distraído. Le dio a probar el vino. Él tomó la copa y, “¡Ding!”, golpeó con ella la del agua, produciendo un sonoro tintineo. ¡Era estupendo! Empezó a darle golpecitos a una copa con la otra, divertido con su hallazgo. “¡Ding, ding, ding!”. Alzó la vista, buscando la expresión divertida de Ana, pero lo que encontró no tenía nada que ver. Los ojos llorosos, los labios retorcidos, la voz, temblorosa, fina e implorante:

-¡Jan, por Dios, compórtate!

Comprendió que no estaba actuando correctamente. Intentó hacer lo adecuado con el vino, las vueltas en la copa y los olisqueos profundos. Aprobó la bebida, y el camarero la sirvió. Jan observó a la mujer. Tenía una expresión triste, pensativa y ausente. Con la mano, toqueteaba el collar de perlas que había llevado al cuello desde que la conocía. ¿Por qué esa cara fúnebre? Estaba haciendo algo mal. Pero… ¿El qué?

Tuvo que interrumpir sus pensamientos. Se levantó, como disparado por resorte. Ana le había dicho algo, pero él no lo oyó.

-Buf, tengo que ir al váter. Ahora vuelvo. -consiguió decir él.

Sabía que no era la fórmula adecuada para ir al baño, pero no tenía tiempo de recordar el cursillo. Se dirigió rápidamente al lavabo, sintiendo que los tentáculos estaban a punto de salírsele por la membrana exterior del Jan, por donde la cicatriz de apendicitis. Vaya un constructo en mal estado le había tocado habitar esta vez. Pero no estaba dispuesto a perder la fianza: le aplicaría un emplaste de protoplasma para un par de días, y para cuando el siguiente inquilino tuviera que vérselas con la membrana defectuosa, él ya estaría calentándose las falanges laterales al sol de Próxima, con bastantes anécdotas sobre su tour-experiencia nativa en el planeta-reserva 51 como para impresionar a sus colegas del Club una semanita buena.

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Wrong (medio relato)

Algunos recordarán (si me siguen en redes sociales) que este verano me atreví a intentar escribir para un concurso, contra reloj, un relato corto en inglés. No llegué a la fecha, escribir en inglés me resulta un proceso tortuoso e incierto.
Pero he releído el texto que llegué a escribir y, aunque no ha pasado ningún filtro nativo que pueda indicarme las barbaridades que cometí escribiéndolo, y a que le falta aproximadamente un tercio al cuento (que le da mucho más sentido a todo), he decidido compartirlo.

Esta vez no lo encabezaré con una imagen, sino que lo que haré será poner, al final, un video de youtube. Para darle contexto a los muchos no rarunos que no sepan de qué clase de cosa está hablando el texto.

 

Wrong

The sky is wrong.

Empty, absolute darkness except for the brief red and blue flashes that happen every few seconds, in rapid succession, filled with white senseless half letters and numbers.

I hide, behind a forgotten wall, some unused assets, near Green Village. Or, I should say, near what Green Village was supposed to be.

Green Village is wrong.

The vibrant green hills are an ugly shade of brown, like a diseased swamp. In the distance, warped spires, like cities that grew askew, tower over the frozen sea, congealed mid wave, its colors stripped to the bare minimum, just blue and transparency.

The little Bogeys huddle together, searching for company, in their never-ending pain. Their bodies are twisted, every movement hurts like knifes. But they are civil. The winged ones nest together. The walking ones just sit with their kind. They never attack. But even if I wanted, I couldn’t join them. Their touch is poison to me.

I wonder if they remember, like I do.

I sit, behind the wall.

At first, I thought somebody had perverted everything, making it all wrong. I looked at my hands and didn’t recognize them. I walked and my step wasn’t right.

Even my body was wrong.

My colors were not as they should have been. My hands were chalk white, my arms pitch black. My legs were twisty, their movement unnatural.

My own distorted body is how I know the bogeys hurt when they move. My perverted physique makes every step feel like torture.

I half remembered the world as it was supposed to be.

I was supposed to be Battleman, the hero. I had to traverse eight dangerous worlds, each filled with more and more hazardous environments and enemies, to battle King Kujira and rescue Princess Rose.

It was dangerous, it was intense, I died countless times… but it was how it was supposed to be.

Green Village was green and beautiful. The Bogeys moved how they should, my punches connected the way they were supposed to. Cloud Jungle required nerves of steel at every jump. Pyramid Valley had beautiful ambience and challenging mazes. Icicle World was slippery and full of pitfalls, but it was fair. Volcano Fortress was beautifully creepy and atmospheric…

That was the right world, a dashing adventure for a daring hero, full of wonder, and action, and excitement.

The cacophony of low, dissonant tones that substituted the Green Valley theme droned in my ears, as I lay remembering.

When it all began, I felt like I was having a nightmare. I recognized the Bogeys, even if their small round frames now sported circular ears and a crude button nose. I recognized the shape of Green Valley, level one, even if it looked wrong, and some of the distances were changed, and the sky was dark. I recognized the Moneys floating midair for me to get, even if their shape was now that of a crude striped ball.

It was no nightmare.

Everything was wrong.

I had been paralyzed by fear, but no more: I had to rescue Princess Rose.

I started running through Green Valley. The Ball shaped Moneys chimed in electronic screeches as I collected them, for points, and bonus rounds. The bogeys didn’t attack, they wanted to be left alone in their pain, and I ignored them. Jumping through the puke green threes and the sickly brown, I reached the goal. Level one. Then Level two. Then Level three.

I ignored the power-ups, also wrong, afraid of what effect they could produce in their new nature. I fell in a deadly pit, my movements non responsive for a moment, but my death was just an instant of darkness. Green Valley, level one. Level two. Level three. Level Four.

In the fifth level, I followed a hidden alternate path: Behind a destructible wall, over a leap of faith, the brightly colored gates stood open, their colors all changed, but their shape the same. The little dialog welcomed me.

“Warp Zone!!!”

I touched the door that would take me to world six.

But the door was wrong.

The world filled with code, letters and numbers in rapid succession, all the sounds frozen at the note they were at when it happened. Half a bogey, some tiles from Pyramid Valley, a few Ball shaped Moneys. I reappeared behind the forgotten wall I now call home. My jumps allow me to get over it, into Green Valley, level one.

Once again, I journeyed through world one, and world two.

When I reached world three, in theory Cloud Jungle, I felt like my legs were going to fail.

I was somewhere unknown. If this was supposed to be Cloud Jungle, it was all wrong.

This world looked like a suburban home, an extremely large one. Tables towered in the horizon, near the walls where the same painting and potted plant could be spotted again and again. I was stepping on carpet, and hardwood floors, and, surprisingly, everything seemed to be of colors that fitted. I began my journey through this mysterious giant home, encountering a few cowering bogeys, some power-up containers, and the ever present Striped Balls.

This home-shaped world presented no pits, few jumps, not many things to do. Or so it seemed.

In level two, I saw one of Them for the first time. He was clearly an enemy, the same size as me, its color and proportions made it look like it fitted better in this strange world than the bogeys or myself.

But, even if it looked like it fit, it was wrong.

I had never seen anything more wrong.

When it sensed me, it wailed an electronic distortion that pierced the ambient music. With very fast steps, it ran to me. The Bogeys, the flying Bogeys, the Starmanders, all the enemies I knew had found their bodies misshapen, every movement resulting in physical pain. This unknown being moved right, its limbs didn’t change shape at every step, it didn’t look like it had features crudely attached on its basic frame… but it was its mind that was misshapen.

Still screaming, it ferociously attacked. I managed to punch it dead, and it disappeared. But its call had summoned others like it, other unknown beings, yellow bodies flickering with uncontrollable rage, orange beaks ready to kill, open in an unnatural scream, their eyes empty.

When I die, everything is supposed to freeze, and my body jumps up and falls down spinning on itself. They didn’t kill me like that. They ripped me apart, my limbs flew in every direction, my body opened like a power-up container, bleeding pixels.

I reappeared in Green Valley, level one, screaming. My body was whole again, it was a new life, but, for a few minutes, I still felt their square jowls tearing through me.

For the first time in my life, my death had been painful.

I decided to try my luck using the power-ups. The power-potions were white bottles instead of the usual red, but the effect was the same: my punches produced a powerful blast that soared in front of me until it hit something or it dissipated in the distance.

 

World one. World two.

 

When I entered the House-world, two of the monsters were in level one, which previously had only been inhabited by some cowering Bogeys.

Now they laid in pieces, the monsters still attacking their disfigured corpses on the rug.

They soon sensed me (Could they see? Were they smelling me?), but the Power-Potion had given me range, and I destroyed them before they could even begin to approach me.

They fell on the floor, screaming, stirring the dead Bogey gore on the carpet with their flailing limbs before disappearing in a puff of pixels, as everything should.

I looked at the poor dead creatures on the floor, remembering how it felt to be disemboweled by those monsters, and shuddered.

With these aberrations loose in the world, it was more important than ever that I rescued Princess Rose.

 

The almost featureless House-world, lacking in jumps, and pits, and hiding spots, was a terrible arena to fight the herds of monsters that I found on my way, but luckily the Power-potion had given me the edge I needed.

 

Luz de Ventanas (Relato, Deberes)

Para los deberes de mañana del curso de escritura del Ateneu Barcelonès, me han encargado que escriba un mismo texto eligiendo o bien un pack de “Narrador omnisciente/Narrador Cámara” o “Narrador protagonista/Narrador testigo”.

Quise asegurarme, y pregunté, si debía ser la misma HISTORIA o los mismos HECHOS, y me dijeron que los hechos debían ser los mismos… Y, después de mucho pensarlo, esto es lo que he escrito:

https://www.flickr.com/photos/songlines/22687646126

Luz de ventanas

NARRADOR CÁMARA

Es de noche. Por la ventana, mira los edificios vecinos, iluminados por la luz tenue de una luna menguante. Pasa la mano por el marco, con los ojos fijos en las figuras que se ven a través de una ventana vecina. Un hombre y una mujer jóvenes que juegan con un niño pequeño embutido en un pijama de una sola pieza. Tras pegar un par de saltos sobre los cojines del sofá, el niño aterriza entre los brazos del hombre. Los dos adultos besan al pequeño.

Desde su punto de observación, sus ojos se deslizan hacia otra ventana, que se ilumina de pronto. Es una habitación repleta de juguetes. El hombre deja al niño sobre la cama, y le arropa. Después de otro beso, apaga la luz, y regresa al cuarto donde la mujer, sentada en el sofá, está cambiando de canal. El hombre se sienta a su lado, y le pasa la mano por encima del hombro.

Deja de mirarles, y vuelve la cabeza hacia el interior de su piso. Las paredes blancas, vacías, reflejan la intensa luz del fluorescente. Hay también un asiento, en una esquina, y, al lado, sobre el suelo de baldosas de baja calidad, un montoncito de novelas de bolsillo desconchadas.

La ropa, barata, susurra cuando camina por la pieza con pasos cortos y temblorosos. Se lleva la mano a la frente, con expresión de malestar. Los dedos de la otra le frotan la barriga, enredados en la camisa gastada y fina.

Camina hasta la pequeña cocina, pulcra. El fluorescente parpadea al encenderse, mientras él coge el único vaso del interior del armario y lo llena de agua.

Bebe, con sorbos cortos y rápidos, y lo enjuaga. Lo deja en el fregadero, y apaga la luz.

Se vuelve a acercar a la ventana. El hombre y la mujer miran algo en la televisión, abrazados.

Pasa un tiempo, y apagan el televisor. Se levantan, salen de la habitación, y la ventana queda a oscuras.

Él sigue con la mirada fija en esa ventana.

Con una enorme expresión de malestar, respira hondo. Mira su reloj de pulsera, de plástico de colores, y sigue respirando sonoramente.

Han pasado cuarenta minutos de respiración profunda cuando deja de mirar la esfera del reloj. Sus ojos vuelven a las ventanas vecinas, oscuras.

Agarra la manecilla de la suya y, con un movimiento nervioso, la abre.

Decidido, levanta una pierna, pasa el dintel, sigue respirando profundamente. Levanta la otra pierna.

El piso de paredes blancas y potente fluorescente está ahora vacío.

NARRADOR OMNISCIENTE

Saúl traga saliva con dificultad. Ha pasado demasiado tiempo.

Mira por la ventana al vecindario, bañado por la luz tenue de una luna menguante… pero no es todavía lo bastante tenue. Sabe que aún debe esperar. Pero no ha podido evitar acercarse a la ventana, y le resulta imposible dejar de espiar a los vecinos, sin importarle que le vean. Les había mirado alguna vez antes, claro, pero nunca así…

A través de la ventana iluminada, la pareja joven, Jordi y Ana, juegan con el pequeño Jan, su hijo. Padre y madre hacen exagerados aspavientos con los brazos mientras gruñen y amenazan con atraparle, y el pequeño corretea y salta por encima del sofá, riendo a carcajadas. Cuando, de tanto reír, le coge hipo, Jordi lo toma en brazos y le dice que a dormir. Otro niño, después de semejante juerga, estaría demasiado excitado como para irse a la cama, pero después de un beso y de que le arropen entre los peluches, Jan empieza a relajarse sin problemas, mientras sus padres se sientan a ver el último episodio de la serie que siguen.

Como si ellos fuesen la que sigue él, Saúl continúa espiándoles mientras se abrazan frente a la pantalla. Sabe que no debería. Cierra los ojos unos instantes, y desvía su mirada hacia su apartamento. Blanco y desolado, ni bajo la potente luz del fluorescente se distinguen las marcas de los cuadros que el anterior inquilino había tenido ahí colgados. Debe hacer algo, no puede seguir así. Camina, lentamente, intentando calmar su dolor de cabeza. Siente un fuerte pinchazo en el estómago, y lo acaricia como apaciguando a un perro nervioso.

Suele pasar los ratos libres sentado en el rincón, leyendo sus viejas novelas de bolsillo, o dormitando, o limpiando. Pero no es eso lo que hoy le apetece. Lo que le apetece es otra cosa.

Prueba a calmar su estómago alterado con un vaso de agua, pero aún no ha terminado de beberlo cuando ya se ha decidido. Lo hará, por desaconsejable que pueda ser.

Vuelve a la ventana, con las pupilas fijas en Jordi y Ana hasta que termina el capítulo, se levantan y se preparan para irse a dormir. La luz se apaga, y la ventana queda a oscuras. Le cuesta controlarse, respira con ansia, presa de su estado alterado, pero no se precipita. Mantiene la mirada fija en el pequeño reloj FlikFlak, paciente, esperando el momento adecuado.

Han pasado 40 minutos. Los padres ya deben de estar durmiendo, y Jan también.

Abre la ventana. Nunca debería cazar tan cerca de su guarida, y nunca sin el cobijo de la luna nueva, pero este mes el ciclo se había alterado por algún motivo que no llega a comprender. Y como jamás ha conocido a otro de los suyos, ni siquiera puede preguntar.

Sale por la ventana, adhiriéndose al muro, los brazos y las piernas súbitamente largos y flexibles sobresaliendo entre la ropa vieja y gastada. Después de esto, deberá desaparecer. Dejar el piso, con su vaso, su silla y sus novelitas de Anne Rice. Es lo único que tiene, además de fríos ahorros, y le sabe mal abandonarlo, pero el hambre… Nada puede contra el hambre.

Con el cuello distendido en el enorme buche que da nombre a los de su clase, el hombre del saco empieza a reptar hacia la ventana del pequeño Jan.

2- La fórmula de Lester Dent

¡Aquí está la segunda parte de eso que he traducido para mis alumnos de mañana! Sigo recomendando leerlo en inglés si se puede, pero, si no, pues aquí está mi versión traducida.

Eso sí, ha sido una traducción peliaguda, por el tono irónico y la jerga un poco desfasada que usa Dent al explicarlo todo.

También hay que tener en cuenta que he quitado algunas partes que hacían referencia a cuestiones prácticas del mundo de las revistas de ficción pulp que, como actualmente ya no existen, me han parecido innecesarias para mi clase.

Aquí va el texto:

http://www.ebay.ca/itm/Adventures-of-Doc-Savage-8-CD-Set-5000-/150612460440

La fórmula de Lester Dent

Lester Dent (Kenneth Robeson) fue un prolífico escritor de historias pulp, especialmente recordado por las de Doc Savage.

Su argumento maestro es un esquema para historias clásicas pulp, de unas 6000 palabras.

El negocio de construir historias parece que no es muy diferente del negocio de construir cualquier otra cosa. Aparentemente, la idea es conseguir los materiales, conseguir un plan, e ir a por ello.

La forma general de este plan de historia, este argumento maestro, vendrá a continuación. Pero antes puede ser buena idea considerar algunos de los materiales:

Es probable que “los personajes” sean considerados uno de los principales materiales para construir una historia. Muchas historias son devueltas con “caracterización inadecuada” garabateado en la nota de rechazo, y cualquier plumilla acabará con dolor de cabeza intentando descubrir a qué se refiere exactamente. Puede resultar útil echarle un vistazo a algunas clases de caracterizaciones claras y simples que usan muchos profesionales.

Una buena idea es hacer una lista de personajes antes de empezar la historia. Después, es incluso una idea mejor intentar llevarse bien con la mitad de esa lista.

Para una historia de detectives, puede ser práctico disponer de ciertos personajes. Por ejemplo: Un héroe. Un villano. Varias personas a las que asesinar. No siempre resulta bien asesinar mujeres, algunos editores son sensibles con estas cosas. También va bien tener a alguien para que el héroe le rescate. Mujer. O no mujer si el editor es de los de las revistas a las que llaman “sin interés femenino”.

Caracterizar a un actor de la historia consiste en darle algunas cosas que permitan que se quede en la mente del lector. Etiquétale. Una etiqueta se puede describir como algo con lo que identificar a una persona. La pata de palo del viejo John Silver en La isla del tesoro podría considerarse una etiqueta de apariencia. O la boca enorme del cómico de cine Joe Brown. La idea es mostrar la etiqueta al lector, de forma que a partir de entonces reconozca al personaje en la historia. En vez de hacer funcionar al personaje solo con el nombre, muestra la etiqueta.

Las etiquetas gestuales pueden incluir los gestos inconscientes. A lo mejor, del villano (en ese momento aún no sabemos que lo es) se explicita que se frota los ojos cuando está en privado o se siente inobservado. Al final de la historia, resulta que tenía camuflado el color de los ojos con una de esas novedosas lentes de cristal que encajan directamente sobre el ojo, y se los irritaba.

Es agradable tener etiquetas que acaben teniendo peso en la historia. Pero no todas pueden.

No deben obviarse las etiquetas de actitud. ¿Es el personaje un tipo duro? ¿Ama a las mujeres y luego las deja –y luego les ayuda a pasar por los momentos duros? Esta clase de etiqueta puede ir usándose y usándose, volviéndose cada vez más y más sutil.

Los personajes suelen tener nombres. Ocasionalmente, un autor es un Argo literario que escribe una historia llevando a los personajes solamente por sus etiquetas, y luego ya les pondrá nombre. No es un sistema recomendable necesariamente, excepto a modo de práctica una o dos veces.

No es una mala idea usar algún sistema para elegir los nombres. Dos personajes normalmente no necesitarán tener nombres que se parezcan. Lo de confundir al lector se puede dejar para el villano. Si el héroe se llama Johnson, es mejor evitar nombres con “J” o “son”. También puede resultar una idea no demasiado buena el usar nombres cortos exclusivamente. Una idea peor es usar solamente nombres largos. Los listines telefónicos están llenos de nombres, pero es buena idea remezclarlos, eligiendo un nombre de aquí, un apellido de allí… Si no se dispone de nada mejor, un periódico puede ayudar, preferiblemente la sección de necrológicas.

Ahora, el argumento maestro. Es una fórmula, un plano para cualquier historia de 6000 palabras.

Se puede redactar a máquina un argumento en borrador, aunque algunos magos mentales puede que lo hagan todo de cabeza. Una página de estructura por cada diez de historia acabada puede ir bien.

Así empieza:

Inventa una o más de las siguientes:

  • Un sistema inusual de asesinato para que lo use el villano.
  • Una cosa inusual que el villano esté buscando.
  • Una localización inusual
  • Una amenaza que deberá pender sobre el héroe

Una de estas cosas INUSUALES estaría bien, dos sería mejor, tres, estupendo. Puede ayudar tenerlas pensadas del todo antes de enfrentarse al resto.

Un sistema de asesinato inusual puede ser, a su vez, inusual. Pensar en disparos, cuchilladas, ácido cianhídrico, garrote, agujas envenenadas, escorpiones, algunas cosas más, y escribirlas en un papel las pone en un lugar donde pueden sugerir algo nuevo. ¿Escorpiones y su picadura envenenada? ¿Quizás mosquitos o moscas tratadas con gérmenes mortíferos?

Si a las víctimas las matan por medios ordinarios pero las encuentran en circunstancias extrañas e iguales cada vez, puede servir, con el lector, claro, desconociendo hasta el final que el método de asesinato era ordinario.

Probablemente no resulte demasiado provechoso ser demasiado extraño, rebuscado o grotesco con los métodos de asesinato.

En cuanto a la cosa inusual que el villano esté buscando, puede ser algo distinto de joyas, el botín de atraco robado, las perlas y demás tópicos. Aquí, de nuevo, uno puede pasarse de extraño.

¿Una localización inusual? Fácil. Elegir una que encaje con el método de asesinato y el tesoro – cosa que quiere el villano- lo hace más simple, y es bueno usar un lugar familiar, donde hayas vivido o trabajado. Muchísimos pulperos no lo hacen. A veces te ahorra hacer el ridículo saber tanto de un lugar como el editor, o lo suficiente como para colárselo.

Aquí un truquito que se usa mucho para falsear el color local. Para una historia que ocurra en Egipto, por ejemplo, el autor encuentra un libro titulado “Egipcio fácil para conversar”, o algo así. Quiere que un personaje pregunte, en egipcio, “¿Qué ocurre?”. Mira en el libro y encuentra, “El khabar, eyh?”. Para evitar que el lector se maree, es quizás recomendable aclarar de alguna forma lo que significa. A veces el texto lo dirá, o algún personaje podría repetirlo en la lengua del lector. Pero es una maniobra dudosa el parar la historia para darle al lector una traducción palabra por palabra.

El escritor aprende que hay palmeras en Egipto. Mira en el libro, encuentra la palabra egipcia para “palmera” y la usa. Eso engaña a editor y lectores para que piensen que el autor sabe algo sobre Egipto.

Bueno. El argumento maestro.

Divide la historia de 6000 palabras en cuatro partes de 1500. En cada una de esas partes, pon lo siguiente:

PRIMERAS 1500 PALABRAS

  • En la primera frase, o tan cerca como sea posible, presenta al héroe y métele un puñado de problemas. Alude a algún misterio, amenaza, o problema que deba ser solucionado – algo con lo que el héroe deba lidiar.
  • El héroe empieza a ocuparse de este puñado de problemas. (Intenta abarcar el misterio, vencer la amenaza, o solucionar el problema.)
  • Presenta a TODOS los demás personajes tan pronto como puedas. Tráelos a la acción.
  • Los esfuerzos del héroe lo llevan a un conflicto físico cerca del final de las primeras 1500 palabras.
  • Cerca del final de las primeras 1500 palabras, hay un giro sorpresa en el argumento.

HASTA ESTE MOMENTO:

¿Tiene SUSPENSE?

¿Está AMENAZADO el héroe?

¿Ocurre todo de forma lógica?

En este momento, puede ser útil recordar que la acción debe hacer algo más que avanzar al héroe por el escenario. Supón que el héroe ha descubierto que los malvados villanos han capturado a alguien que se llama Eloise, que puede aclarar el secreto que hay detrás de todos estos acontecimientos siniestros. El héroe acorrala a los villanos, pelean, y los villanos se escapan. No mola. El héroe debería conseguir algo, aunque fuese solo rescatar a Eloise y… ¡Sorpresa! ¡Eloise es un lémur! El héroe cuenta las rayas de la cola de Eloise, si no se te ocurre nada mejor. Son falsas. Las rayas están pintadas. ¿Por qué?

SEGUNDAS 1500 PALABRAS

  • Amontona más problemas sobre el héroe.
  • El héroe, siendo heroico, lucha, y sus luchas llevan a:
  • Un nuevo conflicto físico.
  • Un sorprendente giro argumental al final de las 1500 palabras.

AHORA:

¿Tiene SUSPENSE esta segunda parte?

¿Crece la amenaza como un nubarrón oscuro?

¿Le están dando al héroe?

¿Es una segunda parte lógica?

NO ME LO CUENTES. Enseña el aspecto de la cosa. Este es uno de los secretos de la escritura: nunca se lo cuentes al lector- enséñaselo. (Tiembla, tiene ojos inquietos, está boquiabierto, esas cosas.) HAZ QUE EL LECTOR LE VEA.

Caracterizar a los actores de la historia es darles algunas cosas que le hagan quedarse en la mente del lector. ETIQUÉTALO.

CONSTRUYE TUS ARGUMENTOS PARA QUE LA ACCIÓN PUEDA SER CONTINUA.

TERCERAS 1500 PALABRAS.

  • Dale más caña al héroe.
  • El héroe consigue algo de ventaja y acorrala al villano o a alguien en:
  • Un conflicto físico.
  • Un giro sorprendente del argumento, en el que preferiblemente al héroe le den una tunda, para acabar las 1500 palabras.

¿Sigue teniendo SUSPENSE?

¿La AMENAZA se está volviendo cada vez más negra?

¿Se encuentra el héroe en serios apuros?

¿Ocurre todo de forma lógica?

Si es así, bien. Estas fórmulas maestras son solo algo para asegurarte de que metas en el texto algo de conflicto físico y genuinos giros del argumento, aderezados con un poco de suspense y amenaza. Si ellos, no hay historia pulp. Los conflictos físicos pueden ser DIFERENTES también. Si una pelea es con los puños, eso puede ocuparse de la pugilística hasta la siguiente historia. Lo mismo para las peleas con gases venenosos, o con espadas. Naturalmente, puede haber excepciones. Un héroe con un puñetazo particular, o rápido al desenfundar, puede usarlo más de una vez.

Escribiendo, ayuda tener al menos una pequeña sorpresa en la página. Es razonable esperar que estas pequeñas sorpresas hagan que el lector siga leyendo. Necesitan no ser un gran esfuerzo. Un método para conseguirlo de vez en cuando es desorientarlo amablemente. El héroe está examinando la habitación del asesinato. La puerta a sus espaldas empieza a abrirse lentamente. Él no se da cuenta. Sigue examinando la escena del crimen, sin preocupación alguna. La puerta se va abriendo, más y más, hasta que – ¡Sorpresa! ¡El cristal se cae de la gran ventana al final de la habitación! Debe de haberse aflojado lentamente, y la corriente de aire entrando en el cuarto ha causado que la puerta se haya ido abriendo. ¿Pero, entonces, qué ha hecho que la ventana haya caído tan poco a poco? Más misterio.

La idea es evitar la monotonía.

El suspense debe ser la miel que atraiga a las moscas. Y se puede juntar con la AMENAZA, una cosa más bien intangible a primera vista. La amenaza no debería ser difícil de reconocer en una historia. Es esa sensación de que van a pasarle cosas terribles al héroe y a las demás gentes decentes. Puede construirse acumulando referencias repetidas, intercalando de vez en cuando alguna palabra, y haciendo que el villano sea especialmente malo.

Eso sí, los villanos no deben necesariamente ser inhumanos.

ACIÓN: Vívida, ágil, sin malgasto de palabras. Crea suspense, haz que el lector vea y sienta la acción.

ATMOSFERA: Oye, huele, ve, palpa, saborea.

DESCRIPCIÓN: Árboles, viento, escenario y agua.

EL SECRETO DE ESCRIBIR ES HACER QUE TODAS LAS PALABRAS CUENTEN.

LAS CUARTAS 1500 PALABRAS

  • Acumula una mayor densidad de dificultades sobre el héroe.
  • Entierra al héroe en problemas (en sentido figurado: es prisionero del villano y ha hecho que le acusen de asesinato, la chica está presumiblemente muerta, todo está perdido y el método de asesinato inusual está a punto de ocuparse de nuestro protagonista sufriente)
  • El héroe se libra usando SUS PROPIAS CAPACIDADES, entrenamiento o fuerza.
  • Los misterios restantes –que todavía haya uno grande en este punto ayudará a mantener el interés- se aclaran en el transcurso de un conflicto final, al hacerse el héroe cargo de la situación.
  • Un giro final, una gran sorpresa (Podría ser que el villano resultara ser una persona inesperada, que el “tesoro” sea falso, lo que sea)
  • Un Punch para acabarlo todo.

¿El SUSPENSE ha aguantado hasta la última frase?

¿La AMENAZA ha aguantado hasta el final?

¿Se ha explicado todo?

¿Ha ocurrido todo de forma lógica?

¿El Punch es suficiente para dejar al lector SATISFECHO (with that WARM FEELING)?

¿Ha sido Dios quien ha matado al villano? ASEGURATE de que ha sido el héroe.

Ahí está. Tómalo y haz con ello lo que puedas.

1 -El método de Moorcock para escribir una novela en tres días

Preparando una clase que debo dar esta semana, he hecho una traducción así cómo he podido del método de Moorcock para escribir una novela en tres días. Ya que lo he hecho, os lo dejo aquí también. ¡Y siendo NaNoWriMo, pues más adecuado todavía!

Este método incluye otro método previo, la fórmula de Lester Dent para escribir novelas pulp. ¡También la he traducido como he podido, aunque su tono irónico y su jerga me han hecho aún más difícil la tarea!

Pero… esa vendrá en la siguiente actualización.

Por hoy, Moorcock.

http://www.avclub.com/article/where-to-start-with-fantasy-overlord-michael-moorc-81614

Cómo escribir un libro en tres días

(Esto es una adaptación y traducción un poco libre por mi parte… pido disculpas por adelantado a Moorcock y a Dent por las meteduras de pata que pueda haber cometido. –Carlo E. Gallucci)

Michael Moorcock es un autor especializado principalmente en fantasía y ciencia ficción, y es un firme defensor del género de la espada y brujería (o espada y hechicería).

Tiene un método para escribir un libro en tres días. Va enfocado a la escritura de una novela de ese género heredero del pulp, la espada y brujería, de unas 60.000 palabras.

El método Moorcock (contado por él mismo)

Antes de nada, es vital tenerlo todo preparado. Escribirás la novela en tres días, pero necesitarás un par de días de preparación previos. Si no lo preparas todo antes, fracasarás.

Sigue el argumento básico del Halcón Maltés (o la del Santo Grial – Una Búsqueda, básicamente). En el Halcón Maltés, mucha gente intenta conseguir la misma cosa, el pájaro. En La Mort d’Artur, de nuevo, mucha gente busca conseguir la misma cosa, el Santo Grial. También se encuentra la misma fórmula en los westerns. Todo el mundo busca lo mismo. El oro de El Dorado. Lo que sea.

La fórmula depende de la sensación de que trata de un ser humano enfrentado a una fuerza sobrehumana –la política, las grandes multinacionales, el mal sobrenatural, y compañía. El héroe es falible, y no quiere verse mezclado en estos asuntos. Siempre está a punto de evitarlo cuando algo le aferra y le involucra a una escala personal.

Necesitarás hacer listas de lo que vas a usar.

Prepara un acontecimiento cada cuatro páginas.

Haz una lista de imágenes coherentes. Piensas en Stormbringer, por ejemplo: espadas, escudos, cuernos, etc.

Prepara una estructura completa. No un argumento, exactamente, pero una estructura donde las necesidades estén claras. Conoce qué problemas narrativos deberás solucionar a cada momento. Escribe soluciones en caliente, a través de la inspiración: puede ser simplemente mirando la habitación, mirando objetos corrientes, y transformándolos en lo que necesitas. Un espejo puede volverse un espejo que absorbe las almas de los condenados.

Prepara una lista de imágenes puramente fantásticas, paradojas deliberadas por ejemplo, que encajen en la clase de cosa que vas a escribir. “La ciudad de las estatuas aulladoras”, cosas por el estilo. Simplemente, escribe una lista para que puedas usarlas cuando las necesitas. De nuevo, deben ser coherentes, tener la resonancia adecuada, encajar las unas con las otras.

Las imágenes vienen antes que la acción, porque la acción en realidad no es importante. Se debe obtener un objeto – en un tiempo limitado. Es fácil de desarrollar la acción cuando consigues desarrollar la estructura.

El tiempo es un elemento importante en cualquier historia de acción y aventuras. De hecho, consigues que sean acción y aventuras a través del elemento del tiempo. Es una fórmula clásica: “¡Sólo tenemos seis días para salvar el mundo!” Inmediatamente le presentas al lector una estructura: solamente seis días, luego cinco, luego cuatro y finalmente, en la fórmula clásica al menos, ¡Solamente quedan 26 segundos para salvar el mundo! ¿Lo conseguirán a tiempo?

La razón importante para planearlo todo de antemano es que así, cuando te encuentres con un bache, con un momento desesperado, tendrás algo sobre el escritorio que te dice qué hacer.

Una vez has empezado, debes seguir. No te puedes permitir que nada lo pare. Desenchufa el teléfono y la conexión a internet, echa a todo el mundo de casa.

Empiezas con un misterio. Cada vez que revelas un poquito, debes hacer algo que lo haga mayor. Una buena historia de detectives hará lo mismo. “Dios mío, así que es por eso que Jenkins, el mayordomo de Lady Carruther, estaba espiando por el cerrojo esa noche. ¿Pero dónde estaba la señora Jenkins?”

En tus listas, en las imágenes y demás, habrá misterios que no te habrás explicado. El asunto es que pongas el misterio, no importa lo que sea. Puede que no sea la gran verdad que revelarás al final del libro. Simplemente piensas, lo meteré aquí porque a lo mejor lo necesitaré más tarde. Además, no podrás meter montones de explicaciones aburridas sobre cosas que ni siquiera tú sabes.

Divide tu total de 60.000 palabras en cuatro secciones, 15.000 palabras cada una. Divide cada sección en seis capítulos. Puedes cambiar la escala como a ti te parezca, claro, pero necesitarás más días –y aguante- para libros más largos, y deberías dejar los capítulos en 25.000 palabras como máximo. En la sección uno, el héroe dirá “no hay forma de salvar el mundo en seis días a no ser que empiece por…” conseguir el primer objeto de poder, alcanzar el lugar místico, encontrar el sidekick adecuado, o lo que sea. Eso te da una meta inmediata, y un elemento temporal inmediato. Con cada sección dividida en seis capítulos, cada capítulo debe contener algo que mueva la acción hacia adelante y contribuya a la meta inmediata.

Con frecuencia, un capítulo es algo así: ataque de los bandidos – derrota de los bandidos. Nada especialmente complejo, pero es otra forma de alcanzar el reconocimiento: haciendo que la estructura de un capítulo una miniatura de la estructura del libro, para que todo resulte coherente. Cuanta más incoherencia tengas entre manos, cuanto más caos –por ejemplo, con velocidad- más necesitarás anclarlo todo con lógica simple y formas básicas que lo mantendrán todo bien ajustado y conciso. Si no, la cosa empieza a degradarse hacia la dispersión y la abstracción.

Así, no tienes ningún encuentro del cual no salga por lo menos información. En su forma más simple, Elric debe luchar y mata a alguien, pero cuando éste muere, le dice quién secuestró a su esposa. De nuevo, es una cuestión de economía. Todo debe tener una función narrativa.

Nunca debes revelar algo que no estuviera ya establecido: es decir, no puedes desenmascarar un asesino que no sea un personaje establecido previamente. Todos tus protagonistas deben aparecer en la primera parte. Tus temas principales y todo lo demás debe quedar establecido en la primera parte, desarrollado en la segunda y tercera y resuelto en la última parte.

Siempre hay un sidekick para tener las reacciones que al héroe no se le permiten: asustarse, aligerar el tono, compensar la morbidez de los discursos del héroe, y demás. El héroe debe proporcionar la dinámica narrativa y, por lo tanto, no puede tener sentido común. Cualquiera de nosotros en esas circunstancias diría “¿Qué? ¿Dragones? ¿Demonios? ¡Estarás de broma!”. El héroe debe ser impetuoso, y cuando la gente es impetuosa, el sentido común desaparece. No quieres que tu lector haga objeciones de sentido común, quieres que se deje llevar por el ímpetu, pero necesitas que haya alguien que actúe como una especie de coro.

En caso de duda, desciende hasta un personaje secundario. Cuando llegues a un impasse y no puedas hacer avanzar más la acción con tu protagonista, cambia al punto de vista de un personaje menor, que te ayudará a mantener la narración en movimiento y te dará tiempo para inventarte algo.

Usa la fórmula de Lester Dent.